“Me arruinaron la vida, pero aquí estoy”
“Pulguita” Rodríguez recuperó la alegría con un gol en San Juan, luego de una carrera que estuvo a punto de naufragar en Europa.
Desamparados, San Juan, el último domingo. La pelota buscó los pies de Luis Rodríguez. Desamparado en el área, el defensor busca lo que no va a encontrar. Amparado en el talento, “Pulguita” dejó que la pelota picara una, dos veces; la acomodó una, dos veces. Del pie derecho pasó al izquierdo. El defensor ya fue. El instante termina en un sacudón al fondo de la red. Atlético acababa de liquidar el pleito del debut, pero el goleador apenas esboza una sonrisa y espera con los brazos levantados. “¿Alguien me quiere?”, parece preguntar. Y van todos. Y Longo lo tira al suelo para esa montaña humana. Y muchos recuerdos aparecen...
Desamparados, Budapest, hace cuatro años. Luis Rodríguez y cuatro promesas estaban varados en la estación de trenes. Intentaban comunicarse, pero sólo escuchaban “ne”, no, en húngaro. Esas 10 horas fueron el fin del sueño europeo que había empezado a los 14 años.
“Decidí volver. No quería jugar más. Era la tercera vez que estaba en Europa. Esa vez me habían llevado a Rumania con Armando González.
Estábamos hacía un mes y nos tocaba cobrar, pero nos cambiaron los planes. Teníamos que tomar el primer tren a Italia para jugar en Perugia. A las 7 llegamos a Budapest, pero nadie nos esperaba. Hasta las cinco de la tarde estuvimos sin plata, sin nada, abandonados”, recuerda el menor de los Rodríguez, hoy con 22 años.
La historia sale a la luz después del debut en San Juan. Jörg Wolfrum, un periodista alemán de la revista “Kicker” y casado con una tucumana, llamó a LA GACETA para saber qué era de esos pibes que asombraron a clubes del Viejo Continente. “Pulguita” explica cómo empezó todo. “En junio del 99 apareció el proyecto ORI, una filial del Inter, con Hugo Juárez y José Ismail como managers. Yo estaba en Simoca y vinieron a verme del club Arezzo. Quedé y fui tres meses a probarme. A los 14 ya jugaba en la reserva cuando llegó un amistoso contra el Inter. Les gusté y volví en el 2001. Jugué el torneo Ditrento con el Inter y querían que siguiera, pero empezaron los problemas con mi representante, Carlos Ismail. Quería quedarme, pero me hizo volver”, cuenta el crack, que ya se había hecho amigo del africano Obafemi Martins y había compartido un asado con Javier Zanetti.
“En 2003, con ORI, jugué el Mundialito en Las Canarias. Nos eliminó Barcelona, pero me eligieron el mejor del torneo. La selección mexicana juvenil jugaba un amistoso contra Real Madrid y me invitaron. Anduve tan bien que le interesé al Real. Pero Ismail dijo de nuevo que no por el vínculo con Inter que al final se rompió. Después de eso, llegó lo de Rumania que fue el colmo y pegué la vuelta. Y pensar que me querían en Real Madrid...”, suspira profundo Luis Miguel, que le canta toda la bronca a Ismail, que manejó su carrera hasta que Walter Rodríguez se hizo cargo del hermano menor.
“Lo negativo de todo no es no triunfar, sino que no me dejaron. Ismail me manejaba como si fuera su títere. Iba de un lado a otro y a los tres meses volvía. Llegaba a un club con toda la ilusión y al día siguiente me despertaba con la mala noticia. Me arruinaron la vida, pero aquí estoy”, desafía el muchacho, que estuvo encerrado en su pieza de Simoca durante mucho tiempo hasta que llegó el ofrecimiento de Racing de Córdoba, donde integró el plantel que le ganó el ascenso a Atlético, en el invierno de 2004.
“Laa gente me preguntaba por qué no jugaba en Atlético. Estuve en Unión Simoca y metí 12 goles en un partido contra Azucarera. Pasé a UTA y salí campeón. Así se abrieron las puertas en este club, que me devolvió la alegría”, repasa uno de los preferidos de Solari, que lo eligió para entrar en San Juan y no le falló. “Después del gol aparecieron muchas sensaciones, muchísimas”, acepta “Pulguita”, que ya no está solo. Ni desamparado.
Fuente: La Gaceta